Como sigo en pleno rollo de “hazlo tú mismo” (últimamente hasta hago pan) ésta vez le ha tocado al chocolate. He decidido probar a hacer mi propia tableta de chocolate. Partiendo de una receta de las coleccionables de iswari world y después de un poco de investigación en internet he acabado con esta receta que os traigo hoy.

Y ¿cuál es el interés de fabricar tu propio chocolate? Os preguntaréis.

Pues en parte eso permite controlar los ingredientes que pones en tu chocolate, la calidad, la cantidad y tipo de endulzante que le pones, que no lleve cosas raras… También se pueden añadir especias, frutos secos o lo que queráis para hacer las combinaciones que más os gusten. Y por último pero no menos importante porque huele de maravilla, es divertido y bastante fácil.

Además ahora que se acerca la navidad podéis hacer chocolates bonitos para regalar o simplemente para poner en las múltiples mesas de cenas y comidas que nos esperan.

El cacao tiene un gran poder antioxidante, es rico en minerales y vitaminas, contiene triptófano que produce serotonina (nos pone de buen humor) y teobromina que es una de las sustancias que producen el ligero efecto estimulante del cacao.

En esta receta he usado sirope de agave que es lo que se indica en la receta de Iswari pero podéis probar con panela, o con el endulzante que más os guste. Aunque probablemente eso afecte a la textura y tengáis que hacer pruebas de cantidades y formatos.

Para que el chocolate quede brillante y crujiente al enfriar es necesario templarlo o temperarlo. Esto se debe a que la manteca de cacao al enfriarse puede cristalizar de diferentes formas dependiendo de la temperatura y la velocidad a la que se enfría el chocolate. Si lo dejamos enfriar tal cual lo más probable es que obtengamos un chocolate muy rico de sabor pero blando, mate, un poco granuloso y que tiende a fundirse al tocarlo.

Temperarlo implica calentar, enfriar y volver a calentar a temperaturas precisas para obtener cristales pequeños y repartidos regularmente por la masa de chocolate.

Hay varios métodos para templar el chocolate, unos más laboriosos que otros. Yo os voy a proponer uno facilón y que da un resultado bastante bueno, que consiste en añadir al chocolate fundido manteca de cacao sólida rallada muy finita. Como esa manteca de cacao está cristalizada de la forma que nos interesa va a servir para que la manteca de cacao fundida cristalice a su alrededor en cristales iguales. Os hará falta un termómetro de cocina. Si no tenéis termómetro también es posible hacerlo aunque el resultado es más incierto.

Vamos a fundir la manteca de cacao al baño maría, así que hace falta una cazuela y un recipiente que quepa dentro, pero que no toque el fondo. Tenéis que poder sujetarlo o dejarlo colgando encima. Yo uso un cazo pequeño porque el mango largo me resulta cómodo pero vale un bol o una cazuela.

 

Raciones: dos tabletas de 120 g aproximadamente.

Tiempo de preparación: 15 minutos+el tiempo de enfriarse.

Ingredientes:

  • 100 g de manteca de cacao + una pastillita (de manteca de cacao, unos 3 g) para rallar.
  • 90 g de cacao en polvo.
  • 5 cucharadas soperas de sirope de agave.
  • Opcional para aromatizar: una pizca de vainilla, canela, cayena en polvo o cristales de sal.

 

Preparación:

Pesar los ingredientes.

Rallar una pastilla (o tres gramos si viene en otro formato) de manteca de cacao muy finita. Lo ideal es usar un molinillo de especias o café o un microplane. Si no tenéis nada de eso un rallador finito también vale.

Poner una cazuela con agua a calentar a fuego suave hasta que empiecen a verse burbujitas finas en el fondo y mantener a esa temperatura. El agua no tiene que hervir.

Colocar un bol u otra cazuela dentro de la de agua con la manteca de cacao para fundirla.

Remover para que la temperatura sea homogénea.

Controlar la temperatura de la manteca de cacao, tiene que llegar a 45-46ºC sin sobrepasar. Si aún no se ha fundido retirar el bol del agua y seguir removiendo fuera.

Añadir el cacao en polvo y remover hasta que se vea una masa lisa. Si se enfría demasiado puede ser difícil de mezclar, podéis volver a meter el bol en el agua caliente pero controlad la temperatura.

Añadir el sirope de agave y remover hasta que se haya incorporado del todo.

Cuando el chocolate alcance los 35ºC añadir la manteca de cacao rallada y remover bien.

Si queréis añadir especias a vuestro chocolate podéis hacerlo ya. A mí me gusta mucho con sal maldon, que curiosamente potencia la dulzura del chocolate y contrarresta el amargor. Pero también van muy bien la vainilla, la canela o la cayena.

Verter la mezcla en un molde rectangular forrado con papel de horno o en un molde de tabletas de chocolate. O directamente encima de un papel de horno sin molde ni nada.

    

Alisar con una espátula y limpiar los bordes.

Añadir frutas desecadas o frutos secos si os apetece.

Dejar enfriar a temperatura ambiente.

Si no tenéis termómetro, es algo más complicado y hay que tener mucho cuidado de que la masa no se os queme, pero se puede hacer:

Poner la manteca al baño maría removiendo hasta que se haya fundido algo menos de la mitad.

Sacar el bol del baño maría y seguir removiendo hasta que se funda del todo. Si tarda mucho volver a meter el recipiente unos segundos el en baño maría y seguir removiendo.

Añadir el cacao en polvo y mezclar. Volver a meter al baño maría si es necesario, unos pocos segundos solamente.

Añadir el sirope, las especias y remover bien.

Esperar un par de minutos y añadir la manteca de cacao rallada, incorporar bien.

Y poner en los moldes.

Para servir:

Dejar enfriar completamente (yo lo dejo toda la noche, aunque no creo que haga falta, solo que estas cosas las hago por la noche) y desmoldar.

en los dos chocolates de la foto se pueden ver algunas diferencias: el del molde lo hice sin cacao rallado, y aunque está brillante y razonablemente duro (lo de ir metiendo el cazo de vuelta al baño maría de vez en cuando es una especie de temperado a lo loco y sin muchas garantías, además el sirope de agave funciona muy bien para el chocolate aunque no tengo explicación científica del asunto) salió con manchitas y se fundía en la mano con mayor facilidad que el que no tiene molde (al que sí que le puse manteca de cacao rallada) que quedó más crujiente y homogéneo de color.

Si os ha salido bien se puede guardar a temperatura ambiente sin problemas, envuelto en un papel encerado por ejemplo.

Si está demasiado blando metedlo en la nevera antes de desmoldarlo y conservadlo en frío.